Éramos adultos cuando nos encontramos, mejor
dicho, reencontramos. La niñez de aquella época era más divertida que la
actual. Teníamos más espacio para movernos, más ganas también. Había
imaginación para emprender locas mentiras que nos parecían maravillosas por el
hecho de que eran mentiras. ¿Desde cuándo una mentira que no sabe a
mentira es divertida? El asunto es que nos encontramos, sí,
reencontramos. El estaba un poco calvo, yo más cegata, él flaco como
siempre, yo gorda como pelota. No seguiré enumerando las especificaciones de
nuestras desgracias particulares y compartidas. Allí estábamos sin haberlo
planificado. ¿Qué ocurrió en los últimos 34 años? Muchas cosas.
El resumen será breve. Primero, nunca me casé y él se casó tres veces. Parecerá que esto es una historia de amor
pero no lo es, son cotidianidades. Tiene
un negocio de gomas, electromecánica y mecánica liviana, tres hijos, alta presión
y dos hipotecas, la del local y la de la casa de su última esposa. Yo tengo mi
mazdita, un bachillerato en ciencia y vivo alquilada. Sigo siendo antisocial, prefiero las noches
para pensar y actuar, mastico chicle a toda hora y mi pelo aun no logra
convenios con el cepillo. Oye, pero, que has hecho, te ves muy bien. Me dijo. Embustero
de mierda. Contesté.
La conversación
duró aproximadamente 11 minutos. Me pareció una eternidad. Preguntó por mis padres, por mi mascota muerta
hacía más de 20 años, por mis alergias mañaneras y por los primos con los que
siempre peleaba en la escuela. Debía ser educada, así que le pregunté por sus
hermanas, su caballo Pocho, si su padre aún era alcohólico, si su madre seguía con
el beauty, por sus tías, su operación de vesícula y su sueño de volar
avionetas. Se despidió con un beso y un
mini abrazo, de esos que detesto dar. Al
irse con su compra para dividir en tres bocas distintas lo miré sin disimulo.
Igual de chumbo, más jorobado, el mismo pie tirando pa dentro. Carajo, ¿cómo es
que fuimos tan amigos en la elemental? Mi madre tiene decenas de fotos en las
que estoy con él, todo el tiempo con él. Bromean en la familia diciendo que
él no logra un matrimonio feliz porque está esperando por mi. Que somos aun uña y mugre. ¿Qué me unía a ese muchacho?
De pronto gira su cuerpo, camina hacia mí y me dice,
casi como secreto y burlón: Así que estudiaste ciencia. Sí. Le dije en tono de
no jodas. ¿Experimentas con hormigas? Lo
miré fijamente y me despedí, así, cortante y cruel, con mirada de rechazo que
pintaba asco y odio. Espera, dijo riendo y sosteniéndome por el codo. No te
agites. No es gran cosa. Aun soy tu partner. Tú las observas, yo aún me las
como. Solté de mala manera mi brazo de
su mano, lo miré mal, harta de odio. Caminé de prisa hacia mi mazdita. Al arrancar,
sonreí. Comprendí de dónde venía aquella
juntilla tan insana. Recordé todo con mínimo detalle. Echar la tierra de los hormigueros en agua,
que el montón hormigas flotara, en una pañuelo escurrir las hormigas y luego
disfrutarlas como exquisito manjar, mientras yo observaba como estas intentaban
huir de su diminuta boca. Coño. Dije en voz alta. ¡Aún come las hormigas!
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