En el pueblo que crecí siempre tuvimos verdes
plantas, árboles y yerba, verde también era el rio la mayor parte del tiempo. También
tenemos un mar azulito y quisquilloso, arenas cremosas y picantes. Tierra fértil,
carretera mediana, plaza pequeña, escuelas regulares, correo diminuto, cuevas
enormes y cuevas pequeñitas. Parque sin
asientos, cancha sin techo, funerarias desocupadas, tres cementerios aledaños,
piscina de club sin agua. Tenemos una estación
de radio que ya no transmite, sino que retransmite alguna cosa desde otro lugar. No
tenemos centros comerciales, ni coliseos o estadios, no tenemos universidades,
ni centros investigativos, no tren ni servicio de autobuses ni prostíbulos (que
yo sepa)… pero tenemos hormigas.
Hormigas rojas como la furia o como el río
cuando ha llovido mucho para la montaña. Muerden si invades sus terrenos o si
consideran que te detuviste en un lugar no indicado. Hormigas negras, anchas y largas que se
desplazan con calma. Hormigas frágiles, morenas también, saltarinas y
nerviosas. Hormigas, tenemos más
hormigas que economía local y que memoria.

No hay comentarios:
Publicar un comentario